Sucesos graciosos dignos de relatar en un momento de ocio

Resulta que hoy estoy llena de ocio. Quisiera vaciarme un poco, pero no logro concentrarme en algo más concentrado. Es un poco absurdo el hecho de que cuando necesitamos, en serio, decir algo importante; pero no tenemos tiempo. Luego tener tiempo y no tener nada importante que decir. No publicaré una etimología de lo que significa la palabra ocio, la verdad es que creo que estoy en prácticas de tal habilidad.

Decidí que el himno adecuado para tal profesión es aquella canción de la guitarra, en donde no quiero trabajar, ni estudiar, ni me quiero casar. (como anillo al dedo). La verdad es que si me estoy decidiendo a escribir más, es porque generalmente me dicen que cuento mis anécdotas de forma graciosa. La verdad es que mis anécdotas son las graciosas. 

Como cuando iba a la info-usac y se me volaron todos los trifoliares de las carreras que llamaban mi atención. O ese mismo día cuando se me cayeron todas las monedas de la camioneta en movimiento. Ninguna era "de a quetzal" así que me ví obligada a recolgerlas todas para poder pagar al señor conductor. O cuando me caí con un helado en la mano, y terminé acostada en el suelo, frente a la facultad. (en las gradas de la plaza T2, viniendo de ingeniería) y el helado permaneció intacto en mi mano. O la más reciente, cuando iba a levantarme y un adorno de mi falda se trabó en la silla. Yo le dije a la silla: -¡Soltame!- pero no me soltó, caminó unos ocho centímetros detrás de mi, hasta que me digné a destrabarla manualmente. Hubo comentarios al respecto de los acontecimientos en mi vida después de ese incidente: que me pasan cosas de película. De película cómica...





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