La oportunidad está a la espera de nuestros impulsos.


Hacía mucho que no quedábamos sin motivo alguno para contarnos nuestras peripecias. 
Ambos queríamos alcohol. Pero sin haber comido, podía ser contraproducente. 

Finalmente decidimos ir a comprar comida chatarra económica que sabía bien, pero sin duda parece que le falta algo que yo suelo definir como "amor al arte". 

Como análogo a nuestras vidas empezamos a caminar sin rumbo, solo siguiendo hacia donde iban nuestros pies. Algo teníamos claro.  Necesitábamos un poco de aire; -dado que no es tan fresco y puro, al menos un poco de aire en un claro de una ciudad que vive en medio del estrés y el humo, era suficiente-.

Cada uno a su ritmo, el mío menos cadencioso y más accidentado, fuimos contando qué nos parecía que hemos hecho con nuestras vidas y hacia donde pretendemos arrastrarnos para llegar a la cumbre, que en general suele ser opuesta al éxito que nos ha vendido esta sociedad patriarcal capitalista.

Los amores y desamores siempre son un punto en nuestra agenda, pero siempre acompañados por esa sensación de no ser capaces de entender en su totalidad el comportamiento humano, pero midiendo con especial detalle cada uno de los contextos. 

Yo me dispuse a la recolección de especies vegetales en algún momento y llevaba conmigo una hoja que, según me dijeron era apta para su adaptación a la tierra por medio de esqueje. (Me parece que eso dijeron también de cada uno de nosotros, partículas migratorias, esperando que estuviera lista para adaptarme a una nueva sociedad que no es apta para adaptarse a mí). Sin contar con los agentes externos como: el mal clima, la tierra poco fértil o los depredadores.

Así que pasados los minutos y las horas, comenzó a caer la tarde, sin que nada inmutara nuestra conversación; a veces interrumpidos por mi los comentarios, para hacer nuevas preguntas que se salieran o no del contexto que habíamos generado.

La noche no me asusta, como podía pasarme antes, o a mi familia, que esperaba tenerme siempre temprano en casa por si algo malo pudiera pasar en la calle. Como si en el mundo no coexistieran el bien y el mal. La noche vino a ser otra tertuliana, que llegó a acogernos después del rato que teníamos las botellas vacías. La idea de irnos vino y siguió su camino. Nos quedamos otro rato más, otros 5 minutos, o como decíamos de pequeños... quizá sin medir nada, otro ratito.

Las circunstancias cambiaron de un momento a otro nuestro clima, y tan ajenos a lo externo nos sorprendieron. Comenzamos a sentir una lluvia exótica y onírica, que no venía del cielo. Desconcertados huimos hacia otro lugar donde pudiéramos permanecer secos, una tras otra se encendieron las fuentes que alimentaban la hierba sobre la que nos sentamos cuando aun era de día.
En ningún momento nos percatamos de ésta circunstancia y emprendimos el retorno. Algo mojados pero bastante sorprendidos. 

Lo que yo no noté, fue que en el momento de la huida, dejé atrás mi pequeña planta en potencia, que imaginaba después de un año abriendo sus exóticas flores colgantes. Y volví, a mojarme cada vez más sin encontrarla. 

A veces, esos imprevistos nos hacen dejar de pensar en algo que veníamos pensando desde hace mucho. A veces te hacen sentir la brisa de una forma que no la sentías hacía años. Simplemente te recuerda la vida, el movimiento, la capacidad de fluir que hay en la naturaleza y en nuestra misma naturaleza de seres vivientes y según dicen que con capacidad de discernimiento. También dicen que no hay mal que por bien no venga. 

Finalmente nos reímos mucho por los acontecimientos; después de volver a buscar sin éxito la pequeña planta, por la poca luz que nos proporcionaba la noche. Pero una parte de mi volvió a casa triste deseando no haberla perdido tan rápidamente como la encontré, parecía que el destino me la prestó solo por un momento, y tenía que resignarme a sus designios. Así que tal como la vida se muestra hacia mí, vuelvo en un nuevo intento de mi búsqueda por aquello que quiero, aunque parezca que es difícil y que mi trabajo no tendrá recompensa. 

La batalla parece perdida ante el ojo humano, pero la oportunidad está a la espera de nuestros impulsos.

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